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Clínica de la urgencia subjetiva. Dispositivo de Guardia.

En el dispositivo de guardia, es preciso dar lugar, mediante la habilitación del espacio de escucha, a que el sujeto pueda captar la causa de la ruptura con la dimensión de la palabra; exceso de goce que no puede tramitar y por lo cual asiste a la guardia.


Siguiendo a Ricardo Seldes (2006), el trabajo propuesto en la urgencia subjetiva consiste en una exploración clínica, en “rodear los puntos donde se produjo un desabrochamiento salvaje entre la cadena significante y el goce pulsional”. 


Puede ser que el sujeto se presente a través de un síntoma, de angustia, de una vacilación fantasmática o un quiebre narcisístico, lo cual puede amenazar con un pasaje al acto. Dicho riesgo de llevar a cabo lesiones auto y/o heterolíticas será evaluado en la entrevista; pero al mismo tiempo, debe de poder localizarse algo que motorice a hablar al sujeto de lo que le pasa, por lo tanto, algo por lo cual dirigirse a un Otro. 


Para ilustrar este trabajo en la urgencia, en esta oportunidad, presentaré el caso de José, joven adulto de alrededor de 35 años de edad, quien se presenta en la entrevista sin alteraciones en sus funciones mentales (atención, memoria, estado de ánimo) es decir que se muestra euprosexico, eumnesico, eupsiquico, eutimico; teniendo que entablar la comunicación en un tono de voz alto por una disminución en su capacidad auditiva.


José comienza su relato diciendo: “hace tres días mi matrimonio se desintegró”. Comenta que se siente desbordado, sin poder comer ni dormir y que se angustia por momentos.

Refiere que es derivado del Hospital General de la cuidad de Necochea, tras haber intentado ahorcarse dos noches atrás, no pudiendo llevarlo a cabo al ser interceptado por un vecino.

Se le interroga sobre su matrimonio, frente a lo cual menciona haber estado casado por 2 años; pero rápidamente cambia de tema, reclamando no recibir medicación, dado que ha visto a su padre bajo los efectos de la misma y no cree que sea productivo. A continuación comenta: “es curioso, he podido aceptar pérdidas más allegadas y no puedo aceptar esta.”


Al respecto, menciona que perdió a su hermano mayor en un accidente de tránsito, tras lo cual su padre decide quitarse la vida ahorcándose, siendo José quien lo encuentra colgado y debiendo dar aviso a los médicos y familia. En relación a ello, refiere que lo sobrellevó sin dificultades, ni angustia alguna. Dice “no tuve duelo de esas muertes”. No obstante, refiere que posterior a los sucesos mencionados, mantuvo un consumo regular de cocaína, para luego abandonarlo así como a la ciudad donde residía. Se trasladó a la ciudad de Necochea, donde logró establecerse económicamente y formar pareja.

 

Al momento actual vive junto a su madre, quien se compromete a quedarse junto a él para prevenir situaciones de riesgo. Se le otorga una segunda entrevista de seguimiento por guardia.

Es en la segunda entrevista, donde José toma la palabra comentando que en sus momentos de soledad siente angustia que no puede controlar, refiriendo pensar constantemente, llegando a la siguiente conclusión: “no es en realidad la persona sino la pérdida en sí que me removió las cosas, que me produjo el desequilibrio emocional”.


Siguiendo a Osvaldo Delgado (2005), existen dos elementos puestos en juego al momento de una urgencia: uno de ellos tiene que ver con un padecimiento sin velo ni trama; mientras que el otro elemento es el tiempo, la prisa; apareciendo como desborde, verborragia, desesperación, mutismo inconmovible y/o  impulsión, lo cual puede implicar riesgo para sí o para terceros.

Podemos observar cómo la separación de José con su esposa, sobreviene en él como un acontecimiento que no puede tolerar, cae preso de angustia y se precipita al acto tras no poder manejar ni dar cuenta a través de la palabra de lo que le sucede. Dice “me encontré desmantelando todo lo que me costó tanto armar, yo quería cumplir el ideal de formar una familia”. Siguiendo las ideas planteadas por M. Antón et.al. (2006) la gravedad y el riesgo se reducen tras restaurar el uso de la palabra, lo cual se posibilita gracias al analista quien apuesta a que surja el tiempo del sujeto, es decir, introducir en lo que apura, la dimensión del tiempo de comprender; dando lugar a una salida diferente del pasaje al acto.


Es en la segunda entrevista, donde José muestra que ha podido establecer algo de sentido a su sufrimiento; allí donde surgió la sorpresa ante la separación, una no capacidad para entramar  lo sucedido, sino puro acto. José puede comenzar a poner en palabras sus sentimientos y dar cuenta de que no es un hecho aislado por lo que sufre y por lo que se ha precipitado a actuar; sino que su problemática está asociada a su historia familiar, a aquellas pérdidas que hoy en día se reactivan. Dice: “estuve meditando sobre tapar el agujero que siento, pero no tiene fondo, tengo que trabajarlo para no volver a sufrir más adelante, sino me va a volver lo mismo, el momento es ahora”. 


Vemos cómo ha operado el dispositivo de guardia como un marco, dando lugar a generar cierta demanda de análisis, ante lo cual se le otorga un turno para iniciar tratamiento psicológico que acepta con gusto.



Bibliografía


  • Adriana Rubistein. (1996) Sobre la admisión

  • Avolio Gisela; Tunstall, Marcela. Acerca de un dispositivo de urgencia: una respuesta posible.

  • Mariano Anton; Marta Coronel; Lucas Leserre. Una clínica de la urgencia. La urgencia generalizada. Buenos Aires. Grama ediciones.

  • Osvaldo Delgado (2005). Angustia y trauma. Pp75. La urgencia generalizada 2. Buenos Aires. Grama ediciones. 

  • Ricardo Seldes (2006). La urgencia subjetiva, un nuevo tiempo. pp 31. La urgencia generalizada. Buenos Aires. Grama ediciones.


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